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Qué debe definir una empresa antes de digitalizar un proceso

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Editorial
26 ago
6 min de lectura
Qué debe definir una empresa antes de digitalizar un proceso Revista ideas antes del código

Digitalizar un proceso puede parecer una decisión tecnológica, pero en realidad comienza mucho antes del software. Cuando una empresa no tiene claramente definidos sus responsables, reglas, excepciones, datos y objetivos, cualquier plataforma corre el riesgo de trasladar al entorno digital los mismos problemas que ya existían en la operación.


Muchas iniciativas digitales comienzan demasiado pronto. Alguien identifica una operación lenta, propone desarrollar una plataforma y el proyecto empieza a organizarse alrededor de pantallas, funcionalidades e integraciones. El problema es que todavía nadie ha respondido una pregunta más básica: ¿cuál es exactamente el proceso que queremos mejorar? Digitalizar no consiste en tomar lo que hoy se hace por correo, Excel, WhatsApp o papel y trasladarlo a una pantalla. Primero hay que entender cómo funciona realmente la operación, dónde se rompe y qué debería ocurrir cuando las cosas no salen como se esperaba.


Digitalizar no significa copiar el proceso actual

Un proceso manual puede funcionar durante años gracias a decisiones que nunca fueron documentadas. Una persona sabe a quién llamar, otra reconoce qué casos requieren autorización especial y alguien más recuerda qué hacer cuando falta información. La operación funciona, pero gran parte de su lógica vive en la experiencia de las personas. Cuando ese proceso se convierte en software, esa ambigüedad deja de funcionar: el sistema necesita saber cuándo comienza una solicitud, qué información debe recibir, quién puede modificarla, qué condiciones permiten avanzar y cuándo puede considerarse terminada.


Por eso, antes de diseñar una interfaz, la empresa necesita representar el proceso real, no el procedimiento ideal escrito en un manual, sino lo que verdaderamente ocurre todos los días. El mapeo de procesos ayuda a visualizar pasos, responsables y relaciones dentro de un flujo de trabajo, mientras que estándares como BPMN permiten crear un lenguaje comprensible tanto para el negocio como para quienes posteriormente implementarán la tecnología.


“Si una empresa no puede explicar con claridad cómo funciona un proceso, todavía no está lista para convertirlo en software.”

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Entender el proceso también significa cuestionarlo

Documentar una operación no significa asumir que debe conservarse tal como existe. Una empresa puede tener perfectamente definido un proceso ineficiente, redundante o dependiente de demasiadas validaciones. Digitalizarlo sin cuestionarlo sólo haría más rápido un sistema que ya funciona mal.


Antes del desarrollo conviene distinguir qué pasos son necesarios, cuáles existen por costumbre, cuáles podrían simplificarse y cuáles deberían desaparecer. Esta etapa es especialmente importante porque el diseño de producto no sólo traduce procesos en pantallas: también puede convertirse en una oportunidad para reorganizar la manera en que trabaja la empresa.

La pregunta no debería ser únicamente “¿cómo hacemos esto hoy?”, sino también “¿cómo debería funcionar si pudiéramos diseñarlo de nuevo?”.


Revista ideas antes del código Qué debe definir una empresa antes de digitalizar un proceso

Definir límites, reglas y responsables

Uno de los primeros retos consiste en establecer dónde comienza y dónde termina el proceso. Una solicitud puede iniciar cuando un cliente envía un mensaje, cuando un empleado la registra o cuando otra área la valida; terminar puede significar que el trabajo fue realizado, que el cliente lo confirmó o que quedó registrada una evidencia. Esa diferencia modifica el diseño completo del producto.


También deben quedar claras las reglas que permiten avanzar, rechazar, cancelar o regresar una operación a una etapa anterior. De la misma forma, es necesario definir quién ejecuta cada actividad, quién decide y quién interviene cuando algo queda detenido. Digitalizar no elimina necesariamente la participación humana; la vuelve explícita y trazable.


Estas definiciones tienen un impacto directo en UX. Una regla mal planteada puede convertirse en una pantalla confusa, un rol ambiguo puede generar permisos incorrectos y una responsabilidad sin dueño puede terminar en solicitudes abandonadas. La experiencia del usuario no empieza en la interfaz: empieza en la lógica de la operación.


Las excepciones también forman parte del diseño

Diseñar únicamente el recorrido ideal es uno de los errores más frecuentes al digitalizar una operación. En la realidad existen solicitudes incompletas, usuarios que se equivocan, autorizaciones que no llegan, cambios de último minuto, duplicados, cancelaciones, retrasos y situaciones que requieren intervención humana.


Estas excepciones deben identificarse antes del desarrollo porque después pueden convertirse en estados, alertas, reglas o rutas alternativas dentro del sistema. La solidez de un flujo digital no se demuestra sólo cuando todo ocurre como estaba previsto, sino cuando también puede responder con claridad a lo inesperado.


Ignorar estos escenarios suele generar uno de los problemas más costosos en producto: descubrir durante el desarrollo que la operación real es mucho más compleja de lo que se había planteado inicialmente.


Los datos también son parte del proceso

Cada paso de una operación produce o consume información. Nombres, fechas, cantidades, documentos, evidencias, comentarios, ubicaciones, autorizaciones, tiempos y estados pueden convertirse en elementos estructurales del futuro producto. Antes de desarrollar conviene identificar cuáles son realmente necesarios, quién los captura, quién puede modificarlos y cuáles sirven para tomar decisiones.


Este análisis también permite detectar duplicidades. Si una persona captura el mismo dato en Excel, después lo envía por WhatsApp y finalmente alguien vuelve a registrarlo en otro sistema, el problema no es solamente de interfaz: existe una fragmentación de la operación. La digitalización debería reducir esa repetición y construir una fuente de información más confiable, no trasladar el mismo recorrido a una aplicación visualmente más atractiva.


“Automatizar un proceso confuso no elimina el desorden: simplemente permite que el desorden avance más rápido.”

Puedes ver este artículo aquí:


Definir qué significa mejorar

Una empresa tampoco debería digitalizar un proceso sin establecer qué resultado espera obtener. Reducir tiempos puede ser un objetivo, pero también disminuir errores, evitar solicitudes perdidas, mejorar la trazabilidad, controlar autorizaciones, conocer cargas de trabajo o brindar una experiencia más sencilla a clientes y colaboradores.


La tecnología debería aparecer después de esta definición. Sin un criterio claro de éxito será difícil determinar si el nuevo producto realmente resolvió algo o si únicamente agregó una nueva herramienta a la operación.


El análisis de procesos y tecnologías como process mining pueden ayudar a identificar cuellos de botella, reprocesos y oportunidades de automatización. Sin embargo, la lógica sigue siendo la misma: primero hay que comprender el problema y después decidir dónde la tecnología puede generar valor. El Service Standard de GOV.UK sostiene un principio especialmente útil: diseñar servicios alrededor de las necesidades y del problema completo de los usuarios, no alrededor de una tecnología previamente seleccionada.


Para cualquier empresa, la conclusión es sencilla: que una tecnología exista no significa que sea necesaria.


Revista Ideas antes del código infografía Qué debe definir una empresa antes de digitalizar un proceso
Puedes descargar libremente esta infografía.

Primero operación, después producto

Antes de hablar de funcionalidades, arquitectura o desarrollo, una empresa debería poder explicar cómo funciona su proceso actual, quién participa, cuáles son sus reglas, qué excepciones existen, qué información circula y qué resultado espera mejorar. Después debe cuestionar qué partes vale la pena conservar, cuáles deberían simplificarse y cuáles ya no deberían formar parte de la operación.


Con esa base, el equipo de producto puede decidir qué conviene automatizar, qué necesita mantenerse bajo control humano y qué funcionalidades realmente tiene sentido construir. Entonces el software deja de ser una colección de pantallas y comienza a convertirse en una herramienta para operar mejor.


Digitalizar bien no significa trasladar un proceso existente al mundo digital. Significa entenderlo, cuestionarlo y rediseñarlo antes de convertirlo en producto.


¿Tu empresa tiene realmente definido el proceso que quiere digitalizar o está intentando descubrirlo mientras desarrolla la aplicación?


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Escrito por: Editorial



Fuentes

  • GOV.UK — Service Standard: Solve a whole problem for users. Principios para diseñar servicios alrededor de las necesidades y problemas de los usuarios, en lugar de tecnologías previamente seleccionadas. Consultar fuente

  • GOV.UK — Understand users and their needs. Guía sobre investigación, entendimiento del contexto y validación del problema antes de construir una solución. Consultar fuente

  • GOV.UK — Map and understand a user's whole problem. Referencia para mapear recorridos, puntos de contacto, procesos internos y participantes de un servicio. Consultar fuente

  • Object Management Group — Business Process Model and Notation (BPMN). Estándar para representar procesos de negocio y crear un lenguaje común entre negocio e implementación tecnológica. Consultar fuente

  • IBM — ¿Qué es el mapeo de procesos? Introducción al uso de mapas de procesos para visualizar flujos de trabajo, responsabilidades y oportunidades de mejora. Consultar fuente

  • Microsoft Learn — Información general de Process Mining en Power Automate. Referencia sobre análisis de procesos reales, identificación de ineficiencias, KPI y oportunidades de automatización. Consultar fuente



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